


Óleo nacido del recuerdo. A través de una pincelada suelta y sensible, la mirada de Bela, ya ausente, permanece viva sobre el lienzo como un gesto de amor que no se apaga. El trabajo por capas y matices de luz busca sostener su presencia, su ternura y la complicidad compartida, convirtiendo la pintura en un espacio donde el vínculo continúa.
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